{ ART NOIR }

Aquí encontraréis la revista completa para su descarga en distintos formatos. PDF interactivo (recomendada), que da una idea exacta de cómo quedaría impresa. Epub maquetado, que reproduce la revista para tablets. Y para los que solo gustan de la palabra y quieren la comodidad de llevarlo en su móvil o tablet como solo texto, añadimos una versión complementaria en formato ePub o Mobi (Kindle). En cualquiera de las versiones esperamos que la disfrutéis.

{ RELATOS } 

Relatos de encuentros, pérdidas, de instantes que perduran o se pierden, algunas fábulas que Sherezade no hubiera desdeñado y mucha gente diversa contando sus diversas historias.

{ POESÍA } 

Un espacio poético buscando su propio tiempo poético. Como decía el viejo rapsoda griego: «Los poetas no buscan palabras, lo que buscan es su voz». Aquí encontraréis algunas.

{ OTROS DILUVIOS } 

De otros diluvios nos llegan fotografías, nos llegan palabras sobre pintura,  nos llegan ilustraciones… y a nosotros nos hace feliz tanta inundación.

{ART NOIR } - A modo de presentación

Hace años escuché esta historia en la voz de Alessandro Baricco. Yo la denomino la fábula de El Coleccionista de crepúsculos y, resumida, os narro a continuación parte de su historia. Un hombre lee el periódico. En la página de anuncios por palabras algo llama su atención. Uno de los anuncios advierte: «Se vende colección de crepúsculos, interesados ponerse en contacto con…». El hombre sonríe para sí y lo atribuye a un error, curioso sin duda. Pero pasa el tiempo y el anuncio sigue en la misma página, con el mismo reclamo y señas. Días más tarde, llevado por un asunto personal o acaso por los laberintos del azar, el hombre se halla cerca de la dirección reseñada. Decide pasarse, por qué no, comentarlo con el anunciante, echarse unas risas, quitarse ese peso de encima o abajo, ese que no se diluye con el transcurso de los días. En la casa hay traslado. Un hombre que parece el dueño se le acerca, ve el diario en su mano y, sin mediar presentación, se dirige a él: «Imagino que vendrá usted por la colección de crepúsculos. No sabe lo bien que me vendría que se la llevase. Está muy bien conservada, pero en mi nueva casa no cabe. Venga, échele un vistazo usted mismo y dígame si le interesa». El dueño lo acompaña hasta una habitación, al fondo de un pasillo. La habitación, colma de estanterías, rebosa de tarros de todas formas y colores, nuevos y usados. Cada uno lleva una etiqueta que reza, en este orden: la palabra 

Crepúsculo, una fecha, un lugar… El dueño, atareado en el traslado, lo deja solo, diciéndole: «Por supuesto puede usted probarlo todo. Sin prisas. Yo estaré por aquí afuera». El hombre, ya a solas, coge un tarro, lo sopesa, lo observa al trasluz, lo remueve, se decide a abrirlo. Con parsimonia y expectación gira la rosca; y al abrirlo el milagro sucede. En esa pequeña estancia, de repente, aparece un crepúsculo bellísimo: las últimas luces del atardecer lo bañan todo, una sinfonía de rojos agoniza de belleza entre montañas. Tras el deslumbramiento inicial, casi sin respiración, abre otro: un crepúsculo marino incendia el agua, que tiembla en ondas escarlatas ante el asombro de la noche. El hombre cierra el tarro. Sale. Poco después un camión descarga la colección en su casa». La historia continúa, nosotros bajamos aquí.  ¿Una historia hermosa pero irreal, diréis? En absoluto. Mirad hacia ese anaquel, ese donde tenéis los libros. Coged uno. Abridlo. Leedlo con calma, yo os espero. Pero atención, haced espacio, porque cada libro contiene no uno, sino muchos crepúsculos; no una, sino muchas vidas. Da igual lo viejo y desgastado del papel, da igual la habitación luminosa o sombría donde lo leas. Si lo leíste y te hizo disfrutar ya has disfrutado de los crepúsculos más increíbles ante ti, ya sabes de lo que hablo. Mirad vuestra biblioteca. ¿No os parece ahora una maravillosa colección de crepúsculos? En esta revista encontraréis algunos de ellos. Gente con ganas de compartir su horizonte, su luz. Alguno habrá intimista, alguno deslumbrante, alguno tenue, alguno de luces delirantes; alguno interior, como reza el tango. Todos, absolutamente todos, tienen cabida en esta curiosa colección de crepúsculos que son la literatura y el arte.

{ RELATOS }

Manto de cuervo, de Barton Tierra

Los Evangelios Escépticos, de José Manuel Guerrero

Cerca de Dios, demasiado cerca, de Jorge Laespada

Red fish, de Rafael García

El amor, cuando menos lo esperaba, de Quino Collantes

Visitas, de Hiliando

De trenes, memorias y violetas, de Ana Laura Bliss

La soledad y las palabras, de Silvia Amezcua

Distopía II: Aire, de Martí R. Arús

Feo, oscuro y miedoso, de Lucía Barranco

Tres pequeños párrafos, de Laura Distoppia

{ POESÍA }

– Carmen Haro

– Itziar Mínguez    

– Estefanía González

– Luis Abarán

– David de la Merced

– Siracuso

{ OTROS DILUVIOS }

Cuando la verdad la hace el reflejo, de Oihana Díaz

La mirada tras el cristal, de Juan Pérez

El peor ciego, de Juan Muro

Otro mundo es posible, de David Beut

La Odalisca, de Mónica Ferrer Falque

Enfrentarse a la escritura te dice cuál cobarde 

    eres, de Jorge M. Ruiz

Los cuatro tesoros del conocimiento, de Juan Muro

El banco y la emperatriz, de Martín Díaz Núñez

contacto:    artnoir.revista@gmail.com